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¿Hasta cuándo lobos en el rebaño?

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31 May ¿Hasta cuándo lobos en el rebaño?

“Sé que después de mi partida,
vendrán lobos feroces entre vosotros
que no perdonarán el rebaño”
-Hechos 20:29-

Politólogo Ernesto Nieto

Desde hace miles de años la Iglesia fue advertida, los lobos vendrían, se disfrazarían de pastores, y no tendrían piedad con las ovejas. Y la iglesia nada pudo o supo hacer.

Vino un Papa tras otros, y la advertencia, marcada a fuego en los textos sagrados, seguía estando. Muchos miraron para el costado. Lo hizo la mayoría, por no decir casi todos. Los lobos seguían entrando en el rebaño, apoderándose de lo mejor de él.  Ni siquiera el más viajero de los Papas, Juan Pablo II, pudo crear mecanismos para enjuiciar y erradicar a los lobos del rebaño. Existen elementos para pensar que Karol Wojtyła tuvo varios momentos de debilidad y miró hacia un costado. ¿Dejó que los Lobos acosaran libremente y devoraran sus ovejas? Los lobos estaban metidos entre ellos. Usando sus herramientas, su evangelio, su ropaje, sus instituciones, y hasta su salario. Y como hacen todos los lobos no tienen clemencia.

Pero los lobos no son nuevos, comenzaron por primera vez a ser visibles a partir del informe llamado “La naturaleza y alcance del problema del abuso sexual de menores por parte de sacerdotes y diáconos” de Karen Terry, preparado por el Colegio John Jay de Justicia Criminal de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos. (Washington, 2004) Las conclusiones de dicho informe, que repetimos, fue realizado por la propia Conferencia Episcopal de los EEUU fueron demasiado duras para dejarlas pasar: se encontraron más de 4300 acusaciones contra sacerdotes, es decir, las denuncias conseguidas afectaban a alrededor del 4% de los sacerdotes de ese país.

A partir de este informe y de las demandas legales promovidas la visualización de los lobos y de la forma naturalizada con que se movían en el rebaño el número de denuncias se incrementó por el mundo entero, y lo que es aún más concluyente, algunas de las víctimas que habían permanecido toda la vida en silencio hablaron: hay denuncias de lobos a partir de 1940. Cuando se hizo visible la existencia permanente de los lobos en los diferentes rebaños que la Iglesia tiene en casi todo el mundo la institución Iglesia no pudo dar más que tímidas respuestas.

El problema es que los lobos no son pacientes, siguen y siguen atacando a las ovejas, necesitan alimentarse y pueden hacerlo sin misericordia cuando están en medio del rebaño. El rebaño tiene ovejas al alcance de una colmillada fatal que marcará una vida para siempre. Que atentará contra su pudor, su intimidad, su sexualidad presente y futura. Y en algunos casos también contra su vida.

Los pastores de la Iglesia no han podido, no han sabido, o no han querido proteger a sus ovejas de los lobos. Prefieren corporativamente proteger a los lobos, sin darse cuenta que los lobos solo tienen de pastores el ropaje. Sin darse cuenta que cada vez que la Iglesia protege por complicidad o inacción a uno de sus lobos no solo permite el daño irreparable de sus ovejas, sino que se aleja de todo lo bueno, bello y honorable que hay en su trabajo. Olvidando que su acción ha sido determinante en infinidad de causas nobles en todo el mundo, y dejando en el olvido a cientos y miles de curas que han sido tan buenos pastores que hasta han pagado con su vida su dedicación al prójimo. Y sin recordar que el propio Nazareno se los advirtió hace miles de años: los lobos se vestirán como pastores y devorarán a las ovejas.

Hoy que las puertas de la Iglesia Católica en Uruguay son golpeadas por denuncias las primeras reacciones son esperanzadores y retrógradas al mismo tiempo. Esperanzadora la reacción de Sturla, intentando encontrar la forma de visualizar a los lobos, asumiendo al menos en el discurso el rol de Pastor que le compete; pero retrógrado el mensaje y la postura de diversas diócesis y congregaciones como la de los Salesianos. Asumen la inocencia de los acusados de lobos, enjuician a las ovejas que se atreven a denunciar. Las Instituciones tienen una muy lenta reacción al cambio y la norma es proteger a sus integrantes ante cualquier ataque, no importa si estos son lobos. Cambiar una institución integrada por hábitos, costumbres, y tradiciones fuertemente arraigadas no es nada sencillo.

Señores sacerdotes que deberían ser pastores de sus ovejas: Uruguay no es una isla tampoco para ustedes, y las prácticas de abusos sexual infantil, que eso son la mayoría de los casos que han aparecido y denunciado, ahora los llaman a actuar. Sus lobos existen y también se devoran sus ovejas.

Como persona espero que ustedes hagan algo como pastores de su Iglesia, pero mucho más espero como ciudadano: que sean las autoridades del país las que tomen cartas en el asunto. Las ovejas son demasiado importantes, porque son nuestros niños, pasados, presentes y futuros. Tienen derechos que debemos hacer respetar. Es tiempo que las autoridades de INAU y del Poder Judicial tomen en sus despachos los casos y estudien estas denuncias. Para que los lobos sean juzgados como deben serlo y para que las ovejas reciban las máximas garantías que deben tener. Y por cierto, para que todo lo bueno que tiene la Iglesia Católica no quede escondido detrás de las dentelladas.

Politólogo Ernesto
Politólogo Ernesto Nieto
ernesto@agora.com.uy